Mucho más rápido en Europa que en los Estados Unidos

En relación a cantidades absolutas, Europa ocupa el primer rango en la producción de acero, de hierro fundido, de hulla, de cemento, de manteca y leche -productos básicos -, en tanto que los USA llenan el segundo lugar y la URSS el tercero. Eso en relación a la cantidad. En relación a la calidad, la evaluación precisa es evidentemente más difícil. No obstante, he aquí un caso de muestra encriptado que no me se ve falto de significación: producción de sabios de primer orden calculada en premios Nóbel para las ciencias desde 1901 –fecha de la creación del premio — hasta 1961: Rusia y democracias populares: 9 laureados. Estados Unidos: 52. Europa occidental: 147. Otros países: 8.

Pero, se dirá todavía: «Esas cantidades son abstractas. Seguimos sintiéndonos aplastados…» Es verdad. Es que no estamos todavía ciudadanos de una nación de 355 millones, oséa, de 430 (contando los satélites de europa de la URSS), sino únicamente ciudadanos de un pequeño Estado de 5, 10 ó 50 millones que no está a la escala de todo el mundo nuevo. Es porque no está formada la Europa unida y resulta completamente exacto, por consiguiente, hacerla, para que nuestra aptitud global se haga, no sólo en las estadísticas, sino en nuestra conciencia.

Europa tiene todo lo que es exacto para ser todavía la primera capacidad de la Tierra, no por sus dimensiones, sino por su capacidad demográfico, económico y cultural.
Sin embargo, la suerte de una civilización no es dependiente únicamente de este género de opciones. Es dependiente más que nada de su vocación activa —quiero decir, de la conciencia de esta vocación asumida por los que son los causantes — y, de otra sección, de la capacidad de las otras culturas o civilizaciones que quieren sucederla.

Pero ¿quién podría ser el sustituto hipotético que tome de nuestras manos lo que antes se llamaba «la antorcha de la civilización»? No veo una cultura sin dependencia de la nuestra, principalmente diferente de la nuestra, que parezca más capaz que nosotros para ejercer la función planetaria unificadora que será, en adelante, en la era técnica, la obligación primera de una civilización. Una observación sobre el globo nos llevar a cabo ver que, por el opuesto, los pueblos nuevos se vuelven hacia Europa, aun cuando la injurien, a la vez que la copian. Para decirlo en una cita, he aquí lo que observo: el sudeste de Asia envidia a China y quisiera secretamente imitarla; pero China corre tras Rusia, aguardando batirla en su terreno; y Rusia proclama, a su vez, ya hace treinta años, que lo hará.

Leave a Reply

(*) Required, Your email will not be published