Los federalistas europeos se organizan

El Congreso de La Haya, presidido por Churchill en 1948, brinda la señal de partida para una acción de riguroso aliento que conducirá primero a llevar a cabo el Consejo de Europa, después suscitará una floración de asociaciones de militantes, de institutos de investigación, de agrupamientos profesionales y, por fin, las tres Comunidades económicas de Bruselas.
La corriente se ha invertido. No se habla ya de las ocasiones que borrarían el nombre de Europa del libro de la Historia mundial, sino, al contrario, de las condiciones de una Europa renovada por su rápida unión.
Las etapas de movimiento hacia esta unión son bien conocidas: reconciliación franco-alemana, restauración de los intercambios y restablecimiento de un nivel de vida elevada, establecimiento de instituciones supranacionales en algunos dominios de la economía. En adelante, vueltos hacia el porvenir, el problema que debemos enfocar es el de la unión política, y este es el combate que se ve que ha de vigilar el próximo decenio.
Tres academias se contraponen todavía, cuando estamos hablando de llegar a la unión política. La de la unión de los Estados, la de la integración total y la de la federación. Pero una única razón debe forzar el acuerdo: la necesidad material y moral de responder a los llamamientos que nos dirige el planeta, por su hambre, su miedo y también por su odio; en fin, la necesidad de ponernos a la altura de nuestra vocación universal.
Si es verdad que la función crea el órgano, de esta vocación misma es de donde debe venir el impulso definitivo que nos obligue a reunir las fuerzas dispersas de nuestras naciones para que se lleve a cabo, por primera ocasión en la historia, la «capacidad global» de nuestro grupo de naciones. La vocación, sea de un hombre, de un grupo o de una cultura es lo que les mantiene en pie, es lo que les posibilita trascender sus talentos naturales y nativas —su horóscopo; es su ocasión contra su destino…
Una vez citado lo previo, observemos nuestro juego.
La llamada de todo el planeta, ocasionada por nuestras proyectos, llega a Europa en una situación que me se ve definida por tres gigantes hechos cuya naturaleza y relaciones mutuas quisiera poner de relieve.
Primer hecho: en el transcurso de los quince años durante los cuales nuestros Estados perdieron sus imperios es cuando Europa se ha dispuesto a sumarse.

Leave a Reply

(*) Required, Your email will not be published