Las fechas de la descolonización sucesiva del Próximo Oriente

De la India, del Sudeste Asiático y de Africa son las mismas fechas precisamente que las de nuestras primeras etapas hacia la unión: 1945 a 1962. Y todo transporta a creer que los dos procesos se consumarán simultáneamente de aquí a algunos años, uno por la independencia de los últimos islotes de colonias subsistentes, el otro por el establecimiento de instituciones políticas recurrentes.
Coincidencia muy destacable y que merecería ocasionar serios estudios.

Sería cosa de corroborar primero si hay lazos laterales, de causa a efecto, entre los dos fenómenos, o si, más bien, como creo, no resultan los dos de solo una y misma evolución dialéctica: la del nacionalismo. Desde objetivos del siglo XVIII, los discípulos de Rousseau, después Herder, Bentham, Fichte y otros varios habían denunciado la expansión colonial como un pecado mortal de Europa, en el sentido de que agravaría la disolución del cuerpo europeo en naciones oponentes.

De hecho, la necesidad alegada por los Estados colonialistas de abrirse salidas en ultramar -un espacio escencial, diría Hitlerha desempeñado un considerable papel en el origen de ámbas guerras mundiales. Pero estas mismas guerras han desencadenado dos series de reacciones de sentido contrario: por una sección, han publicado por los 4 rincones de la tierra la iniciativa del derecho de los pueblos a tener sí mismos, un concepto en cuyo nombre los socios habían combatido y habían concluído los Tratados de 1919, y esto tenía que llevar a las colonias a reclamar su emancipación, inclusive a conocer por su cuenta la embriaguez del nacionalismo; por otro lado, esas mismas guerras hicieron abarcar a los de europa que ya era tiempo de yugular sus sangrientos chauvinismos, lo que paralelamente debía arrastrar el despertar de los proyectos de unión.
No deja de tener interés señalar al paso que los derrotistas de europa, nacionalistas o marxistas, que sostenían desde cincuenta años antes que Europa no era rica más que por la explotación de sus colonias según unos, de su saqueo según otros, están recibiendo un desmentido de la misma forma que la historia da pocos ejemplos. Porque, de hecho, si tuvieran razón, la retirada colonial habría concepto la detención mortal de nuestra economía. Pero resulta que esa retirada coincide, no únicamente con nuestra unión, sino con una prosperidad sin precedentes del grupo del conjunto de naciones. Jamás nuestro «cabo de Asia » ha popular un desarrollo económico tan rápido como después de haber renunciado, de buen o mal nivel, a sus posesiones de ultramar.

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